“YO FILMO UNICAMENTE AQUELLO QUE CONOZCO MUCHO”

Agencia La Oreja Que Piensa. Por Luis Blaugen-Ballin (*)

Favio dirigió este drama y lo dedicó a su mentor, el gran Leopoldo Torre Nilsson. Es su ópera prima, su debut cinematográfico como realizador. El libro es de Favio y de su hermano Zuhair Jorge Jury.
El protagónico es del niño Diego Puente. Cuenta la historia de un menor, de un paria de esta sociedad-monstruo, y su devenir entre la villa miseria y la cárcel de menores, desnudando lo que se padece en los reformatorios, y también fuera de éstos.
La mirada de Favio, autobiográfica por momentos, refleja la vida de un sector oculto, cuyas miserias son esquivadas por una elite cinematográfica reticente.
Al otro día de darle el guion a Leopoldo Torre Nilsson, éste lo llama a Favio para felicitarlo. Él deambuló acerca de tres años con esta película, hasta que le reconocieron en Mar del Plata. Es que el Instituto de Cine no quería darle recursos a Favio por ser un director novato y fue el director más prestigioso de fines los ’50. Torre Nilsson, su padrino, influyó mucho en él, que lo avala de entrada.
Al año siguiente de su estreno, gana un Cóndor de Plata y sale galardonada en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. En el 2000, un tendal de profesionales de toda índole la votó como la mejor película de la historia del cine vernáculo.
Este film, surge como reflejo de experiencias propias y ajenas de la niñez del mismo Leonardo, quien transitó por varios orfelinatos y padeció también las desventuras de la vida callejera, hechos que trajeron aparejada su desembocadura en un reformatorio, si bien él destaca momentos de felicidad de su infancia: “Mi niñez fue feliz, pero en un marco de mucha pobreza, no fue la trágica de Polín”, contará luego Leonardo.
Él estuvo en el Patronato de Menores, donde conoció las jergas infantiles. Fue internado del Hogar del Niño en la época de Perón, donde lo alimentaban y trataban bien; caído el peronismo, se desmoronó todo eso: ésta es la etapa de Polín, la tragedia que Favio intenta reflejar.
 “Yo filmo únicamente aquello que conozco mucho”, diría Leonardo en su momento.
Este film representa el bautismo de Favio con la luz natural, ya que él comienza a trabajar con ésta: atardeceres, amaneceres, antorchas.
Hay dos partes en la película: el encierro y luego la fuga de Polín, que no obstante libre, no puede escapar a su fatalidad, a la frustración que acarrea esa vida deshumanizada.
El destino había puesto a Polín delante de Favio. Jorge Montes, amigo de Favio, lo había invitado a una casa en El Tigre, y ahí nomás ve a un pibito nadando, que le faltaba un diente y no paraba de cecear; en ese momento se percata que éste es el niño que desempeñará el papel de Polín.
La parte más cruda de la película es la de la violación del amiguito, un momento terrible cuyo espanto también se deja traslucir en el rostro aterrado de Polín.
En la Argentina de hoy, tenemos miles, millones de Polines y amiguitos de Polín, llamándonos a nuestra puerta, una legión de excluidos que habita entre los escombros de los sumideros, en las periferias de las grandes urbes. Las corporaciones, esto es, el poder real, y la fracción vernácula de crápulas entongados con éstas que ofician de gerenciadores de la patria, se han acaparado la mesa que era de todos. Al final del banquete, barren hasta las migajas y se las remiten al imperio en una bolsa.
Transitan su vida estos Polines víctimas de la pedofilia, comiendo de la basura, robando al menudeo alguna billetera, sin educación, salud, vivienda, familia, creciendo sin amor y apaleados periódicamente en nombre de la civilidad misma, atrapados dentro de un estructuralismo sostenido por gobiernos, hasta que ese día fatídico el corte súbito de una bala les pare su sufrimiento… una bala que es gatillada por mucha gente, no sólo por el que pone el dedo.
Fuentes:Crónica de un niño solo. 1965./Favio por Favio, por Roberto Quirno. Canal 7. 2005.
(*) Comunicador social.
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