MÚSICOS BARRIALES EN LA DICTADURA

Otoño fue una muy linda banda Sanmigueleña que toco en muchos lados teniendo siempre buenas críticas, no era para menos con tanto ensayo!!!

 

Agencia La Oreja Que Piensa.  Por Oscar Peretto (*)
Llegué a mi mayoría de edad meses antes del golpe del año 76, ya había vivido siete años de mi formación estudiantil bajo la anterior, dictadura de Ongania-Levingston-Lanusse , hechos que determinaron que mi primer voto fuera emitido recien en el año 1983, a los 26 años de edad.
 
Desde temprana edad, cerca de los 12 o 13, compuse canciones y las expresaba en público donde podía, siempre buscando poetas para musicalizar, compañeros que pudieran expresar de mejor manera lo que necesitaban decir.
 
Quisiera compartir en esta breve nota algunas experiencias que viví como músico.
En esta parte del mundo, en el conurbano bonaerense, sufrí bastante junto a otros artistas condicionados por el gobierno dictatorial.
 
No había lugares donde ir a tocar, juntarnos, situación que nos recluía en clubs, algún que otro colegio y lo que quiero destacar, que dos iglesias nos abrían las puertas, una muy inserta entre los habitantes de Muñiz, “Nuestra señora del Valle “y la otra una iglesia evangélica situada en Belgrano y Paunero (hoy convertida en bingo), donde nos reuníamos a tocar sin problemas.
 
Varias veces debíamos presentar el listado de las letras por anticipado-pese a nuestra oposición- antes de actuar en determinados colegios y sujetas a aprobación, vaya a saber de quién.
Así surge la idea de armar una cooperativa de trabajo entre 4 grupos para conseguir lugares, para sentirnos acompañados, para convocar y facilitarnos las cuestiones técnicas, de muy difícil adquisición por ese momento. Fue un intento muy bueno y positivo.
Recuerdo las razzias policiales, la violencia generada en la gente que llegaba al lugar momentos antes de presentarnos a tocar, lo que predisponía al público de muy mala manera.
 
Muchas veces la suspensión del show por la mitad, por irrupción de coordinación, que separaba al auditorio en” masculinos y femeninos” y pedía documentos, llevándose siempre a alguien. No se imaginan las ganas de seguir el concierto que teníamos.
 
Debería sumar las dos o tres veces semanales que tenía que bajarme del colectivo en la Zeta, cuando volvía de estudiar de Morón, para poner las manos contra el vehículo y dejarme palpar de armas y mostrar mis pertenecías; Una pequeña golpiza en la puerta de mi casa a manos de un policía recién recibido a la vuelta de un ensayo, la imposibilidad de conseguir partituras, libros, instrumentos y hasta la amenaza arma en mano para que dejemos de tocar.
Pareciera de otro planeta, pero fue acá y no hace mucho. Por eso tengo necesidad de compartir estas experiencias, motivado por la sensación de bronca que siento cuando se compara a gobiernos democráticos, del signo que sean y se igualan con una dictadura.
 
Hay inseguridad, cierto, pero estoy hablando de una política represiva organizada y llevada adelante por el estado y no por delincuentes comunes, que de por si también es grave.
Estas son mis reflexiones, generadas a 38 años de asumida mi mayoría de edad.
(*) Músico. Comunicador Social.