La oreja que piensa

MUNDO DELTA

Agencia La Oreja Que Piensa. Argentina. Mayo 2009 (Por Ignacio Carrasco Palmer)

Cuando hablamos de lo diferente o excepcional de vivir en el Delta del río Paraná, estamos hablando de medio ambiente.

Las diferencias están planteadas desde los condicionamientos del individuo
Que nace y elije vivir en un determinado lugar.

En mi caso decidí básicamente cambiar de un medio ambiente urbano a uno rural.

En el pasado viví 5 años en Paris y me mudé a Marsella (sur de Francia) en busca de un contacto más directo con la naturaleza.

Lo que mas me atrajo de esta ciudad era el mar como eje social, cultural y económico. Además los alrededores son parques nacionales medianamente bien conservados pero siempre urbanizados en mayor o menor medida.

Finalmente no fue suficiente. Necesitaba un contacto mas directo, una relación de dialogo cotidiano con la naturaleza, aprender todos los días algo nuevo de ella; y por casualidad o no, volví a vivir en Argentina.

Mi hijo estaba viviendo en zona norte y yo me instalé rápidamente en la primera sección del Delta de Tigre.

Tuve la suerte de alquilar un casa en el arroyo Angostura y Esperita, un sector poblado por isleños de nacimiento y de adopción, que ejercen actividades diversas generando recursos con los medios del lugar, con medios urbanos (van y vienen a la ciudad regularmente) o mixto, (por ejemplo: trabajan artesanías en la isla que luego venden en continente o trabajan en la ciudad, pero tienen huerta, gallinero y pescan…).

Estos pobladores me recibieron muy bien. Con el tiempo participé de varias actividades espontáneas como arreglar muelles vecinales, cortar el río para concientizar de los peligros de la alta velocidad de las lanchas, realizar desfiles en carnaval, proyectar películas en 16mm, hornear cerámica, participar en talleres de arte, exposiciones, fiestas patrias, jornadas sobre educación alternativa, huertas, etc.

El agua es fuente de vida y camino

Aunque el clima y la vegetación, y hasta la fauna pueden ser familiares al de Bs As, aquí se refugian quizás las especies no adaptadas a la urbe.

Pero la diferencia radica en el agua. Este elemento de importancia vital, se transforma para el habitante del Delta, en su principal aliado. Del río penden prácticamente todas sus posibilidades de actividad.

El Delta es particularmente un conjunto de islas y esto genera una frontera natural para las especies terrícolas como el hombre. El vivir en una isla del delta es una elección cultural.

El isleño se reconoce por códigos que resultan de la problemática común. Si pasa en una embarcación saluda a los vecinos, conocidos y desconocidos; está atento al otro. Es común ver conjuntos de familias viviendo y trabajando en la misma quinta como si fuese una aldea, en forma circular, por ejemplo en el pelado de mimbre.

Cómo es demográficamente insignificante para los políticos ávidos de votos, el territorio insular queda olvidado de las responsabilidades municipales y los vacíos y ausencias institucionales se hacen notar en diferentes campos.

Si bien es cierto que se mantiene una educación escolar completa en los tres primeros niveles, la presencia en las aulas es relativamente corta y no siempre bien adaptada a las circunstancia del lugar.

Por otra parte la posibilidad de acceso a la salud es complicada y escasea notablemente en medios, el sistema de transporte empeora o se modifica exclusivamente en función de la actividad turística.

Las posibilidades de desarrollo intelectual o deportivo son pocas. No hay organización de residuos, ni control ambiental de ningún nivel: velocidades de lanchas, edificación, contaminación, espacios públicos, etc.

En la creatividad para resolver estos condicionamientos naturales y vacíos institucionales, es donde reside la idiosincrasia islera.

Ahora elijo vivir en este lugar y me siento correspondido plenamente por él.

Mi experiencia personal es sumamente positiva, con el tiempo aprendí a pescar, a hacer huerta, a recolectar, y sobre todo aprendí a escuchar y a observar, algo que en la ciudad resulta difícil.

También adquirí conciencia del valor del agua y tomé conocimiento concreto sobre mis desechos (en volumen, peso y valor) y como administrar esta basura de forma inteligente.