LA CONTIENDA

Agencia La Oreja Que Piensa. Por Hugo Rossi (*)

El Pancho Subarroca se descolgó, entre un envido y un trago de cerveza negra, con una frase que conmocionó a los presentes en el buffet del “Defensores” ,  que atendía con excesiva aspereza, el viejo Sebastián Georgetti .

-El gitano es mi primo – dijo,  y cantó las veintinueve perdedoras de espada que tenía en la mano, y que esta vez, resultaron ganadoras. Ni lerdo ni perezoso, mi tío Luis, el tesorero y alma mater del club, en esa administración, lo convocó, para que después de la partida, el vasco, pasara por su despacho, un cuadrado de uno por uno sin revoque y tan lleno de humedad, que los bichitos bolita huían despavoridos.

- ¿Que pasa don Luis? - dijo el Pancho, con cara de yo no fui, - si es por lo de las cuotas que debo, le juro que antes del…-

- Nada de eso- dijo el tío, sin dejarlo terminar

- Lo que me interesa es saber si lo que dijiste del gitano es cierto, ¿de verdad es tu primo?

-Ah  ¿eso? ¡Seguro que es verdad! –

El lunes siguiente, se firmó el contrato entre el representante de la insipiente estrella de rock y el apoderado del “Defensores de Belgrano”. Octubre era un buen mes y había por delante más de treinta días para publicitar el acontecimiento.

Por ese entonces, el “gitano “y su banda “los de fuego “daban bastante que hablar; mas por actitudes personales que por dotes artísticas musicales; los movimientos corporales, casi obscenos, y el hecho de desnudar su torso en escena, era algo imperdonable para la moralina del momento.

En los primeros días de marketing, todo marchaba según lo estipulado y los afiches para la pegatina, ya estaban en nuestro poder, prontos para cumplir su cometido. Todo iba sobre ruedas y pintaba para batacazo, pero ¡hete aquí ! que a la competencia, no le causó ninguna gracia tamaño emprendimiento y resolvieron, entre gallos y medianoche, ¡contraatacar! . Fue así que, para el mismo sábado de octubre, la gente de la zona, tuvo la inédita oportunidad de poder optar entre dos espectáculos de altísimo nivel artístico e intelectual; los guachos de los dirigentes de “La tierrita” de Villa de Mayo , conchabaron para la misma noche, a una exuberante modelo y estrellita en ascenso, a la que, por una publicidad de aceite que protagonizaba y gracias a una genial caracterización, todos llamaban “la lechuguita “.

A partir de ahí, se declaró una batalla sin cuartel, en cuanto a marketing;  Los afiches, arduamente pegados por la noche, eran tapados por otros de la competencia, por la mañana, y los camioncitos con altavoces, aumentaban los decibeles, para tapar a los de la competencia, aturdiendo a medio mundo. No estuvieron  ausentes las grescas entre grupos antagónicos, de pegadores de carteles, con algunos ojos negros y un par de costillas fisuradas, como saldo. Yo puse todo mi corazón en dicha tarea promocional, yo , que para ese entonces, había adoptado a  Sandro como ídolo, un poco por lo artístico y otro poco por ser un rebelde transgresor.

Las cosas siguieron un curso, digamos que normal, hasta que al fin, llegó el momento de ver a los pingos en la cancha.

 En las horas previas, la expectativa y la ansiedad, fueron en aumento. A las ocho de la noche, todo se encontraba pronto y a mí no me quedaban uñas que comer. A las veintiuna horas, se abrieron las dos  boleterías, ya que suponíamos que una sola, no iba a poder abastecer tanta demanda. El show estaba pactado para las veintitrés y ya a las diez de la noche, los nervios nos mataban. A las diez y media, se habían vendido exactamente cinco entradas y los aproximadamente veinte miembros del staff del “Defensores”, nos mirábamos unos a otros, sin comprender lo ilógico de la situación. A las once y cuarto entró el “Puchi” corriendo y anunciando a viva voz

- ¡ Ya viene, ya viene, están por la esquina !-

Veinte o veinticinco entradas vendidas, no alcanzaban ni para pagar a Sadaic y una solución milagrosa se imponía. Y el milagro llegó justo a tiempo, justo cuando el auto que traía a los artistas, estacionaba en la puerta de entrada del Defensores. ¿Fue un milagro o un artilugio desesperado de mi tío Luis? Creo que todos los presentes lo sabíamos, pero nunca nos animamos a reconocerlo. Lo cierto es que un corte de luz, salvador, acaeció en el Defensores.

Después de quince o veinte minutos de ardua tarea del gordo Gutierrez, técnico electricista sin matricular, sin resultados positivos, los artistas, resolvieron retirarse, con la condición, de volver en otra ocasión, para efectuar la malograda actuación.

Después de grandes suspiros de alivio, la comisión se reunió de urgencia, ya con el suministro de energía restablecido y se resolvió por unanimidad, cerrar el club y trasladarse a pleno, hasta “la tierrita” para no perder del todo la noche y disfrutar del show y del escultural cuerpo de la “turca Faiad”.

Se podría decir, sin temor a equivocarse, que aquél sábado de octubre, “La tierrita”, le gano la contienda al “Defensores”, por un hermoso cuerpo de ventaja.

(*) Hugo Rossi es escritor y poeta.