EL RECUERDO EN TIEMPO PRESENTE

Agencia La Oreja Que Piensa. (*)Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires.

Una parte de la vida de Andrés Habegger tiene que ver con los recuerdos. Intenta –y no siempre logra- evocar momentos compartidos con su padre, Norberto, militante político y periodista desaparecido en Río de Janeiro en 1978 en el marco del Plan Cóndor, tres días antes de cumplir 37 años.

Andrés, director de cine y documentalista, autor de Imagen final, D-Humanos, El caso Melincué y Cirquera, entre otros trabajos, aborda en su nuevo film, El (im)posible olvido, el tema de la memoria, el olvido y la historia como algo actual, vivo. “En principio, la película iba a tratar sobre el olvido como contrapartida de la memoria, siempre me interesó el tema”, dice y explica que el sentido de su nueva película es “viajar a ese lugar donde residen los recuerdos”.

Casualmente –o no tanto- el film se inició con la idea de tratar el olvido como contrapartida de la memoria. Al recorrer el proceso de construcción del film aparecieron en primer plano sus propios recuerdos y olvidos en relación a su padre y su desaparición. Allí esos olvidos y recuerdos, colocaron su historia en primer plano.

La película se rodó a lo largo de tres años, entre marzo de 2013 y mayo del corriente año, casi paralelamente con el juicio por el Plan Cóndor, en el que tanto Andrés como su madre, Flora, fueron querellantes.

El (im)posible olvido se estrenará el próximo 27 de octubre en el cine Gaumont como parte del cierra la Muestra Internacional de Cine Documental Doc Buenos Aires. A partir del 3 de noviembre podrá verse en el Malba.

-¿Cómo arrancó la idea de la película?

Me interesaba desde hace mucho tiempo trabajar sobre la idea del olvido como contrapartida de la memoria. Trabajé mucho sobre la memoria de los otros. El olvido a su vez tiene presencia, porque si alguien sabe que algo está olvidado tiene un status. En base a eso empecé a preguntarme en qué lugar se alojan las cosas olvidadas, personal y colectivamente. Pero comencé a hacerme preguntas personales, y allí llegué a la conclusión de que mi propia historia estaba repleta de olvidos. Esto tiene que ver con mi viejo y su desaparición en el año 1978. Me di cuenta de que no tengo prácticamente recuerdos, algunas cosas difusas, que uno no sabe si son vivencias o esa foto que viste ocho veces o las historias que te cuenta tu mamá.

-Ahí las cosas cambiaron

Sí, porque dejó de ser un proyecto conceptual para pasar a ser algo mucho más personal. A lo largo de mi carrera trabajé mucho sobre la memoria de los otros, pero había llegado el momento de hacerme cargo de mis propios olvidos.

-¿Y cómo lo hiciste?

A través de fotografías, grabaciones de audio, cartas y un diario infantil que empecé a escribir dos meses antes de que mi viejo desapareciera. Eran registros de la historia pero vistos de otro modo. Pensé, “si esto no existiera yo no podría decir que esto existió”. El cine y la memoria tienen caminos paralelos.

-¿Dentro de la investigación te encontraste con algún dato desconocido?

Junto con el aporte de la Comisión de la Verdad de Río de Janeiro logramos que un militar brasileño reconociera que lo de la desaparición de mi viejo fue una tarea conjunta entre militares brasileños y argentinos, que de hecho hubo militares argentinos que viajaron a Brasil. Allí los brasileños le entregaron a mi viejo y la orden era que llegara vivo a Argentina.

-¿Te paraste como director desde el mismo lugar para hacer esta película?

Tardé como tres años en asumir que si quería contar esta historia tenía que estar del otro lado de la cámara, estar adelante. No se podía buscar un alter ego. Intenté conformar un equipo sólido, en quienes confío en términos profesionales y emocionales para poder descansar en otros cuando estaba muy adentro del relato.

-¿Te conformó el resultado final de la película?

En términos personales me ayudó mucho para sanar, porque creo que la única manera de resolver cuestiones dolorosas en el plano individual o colectivo es aprender a convivir con ellas. A mí siempre me interesó ver el pasado no como algo que pasó sino como algo que nos sucede hoy en día, porque la historia y el pasado son reactivados desde el momento en que se piensa, se recuerda.

-¿Viste a otro Norberto Habegger a través del proceso del film?

En el proceso de la película yo descubrí que tenía un padre. Él se preocupó mucho por seguir siendo padre a pesar de su militancia. Mi relación con él siempre fue más desde la ausencia, por su compromiso militante y los cuidados que había que tener en la vida de todos los días. Yo no iba los domingos a la plaza con él, no se podía. Antes lo veía con ojos de niño y ahora con ojos de adulto. Me sirvió para entender a mi viejo y también para relacionarme con mis propios hijos.

(*)Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires.

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