EL PODER SUPREMO DE LAS PALABRAS

Agencia La Oreja Que Piensa. Por  Carol Calcagno. (*)

Haciendo trámites, sin querer, llegué al Museo del libro y de la lengua. Esta en Las Heras, sobre la avenida. En la misma vereda de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. "Al pie de la letra" es una muestra, que permanece hasta junio del 2020.  Trata sobre las primeras tipografías utilizadas en la Argentina.

Al ingresar un par de vocales grandes, impresas en papel, daban la bienvenida. Y como si fuese un cuento, la muestra explicaba los cinco siglos de historia que conservan las palabras.

Un dibujo se convirtió en imagen y luego fue acompañado de ideas y signos.  Del alfabeto esculpido en piedra o pintado en un pergamino, salió la tipografía.  Más tarde, por medio de bloques de madera, la xilografía realizó el primer libro publicado en China en el año 848. Y de la mano de Johannes Gutenberg surgió la posibilidad de usar letras sueltas de metal, logrando un gran avance en el oficio de imprimir.

En las vitrinas había libros de época,  mostraban  las distintas técnicas.  Vocabulario de la lengva  gvuarani compvuesto por el padre Antonio Ruiz, en 1722. La Gazeta de Buenos Ayres realizada en la Real Imprenta de Niños Expósitos, entre los años 1810 y 1821. También El Obrero Gráfico de la Federación Gráfica Bonaerense, diario del año 1945.  

Un título en letras negras decía: Telégrafo Mercantil, miércoles 24 de junio de 1801. Y me acordé de las tantas veces que la tía hablaba de su padre. El abuelo José  había trabajado de telegrafista en la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco.

Detrás de mí, una foto blanca y  negra retrataba a hombres con pantalones oscuros y chalecos, también oscuros y camisas claras, estaban entre máquinas y escritorios,  me llevó a leer más…

La Sociedad de Tipógrafos Bonaerense funcionaba con carácter mutual y evidenciaba la importancia que se le otorgaba al oficio, relacionado con la letra imprenta. En el año 1877 nació la Unión Tipográfica Argentina, que al día siguiente inició una huelga en reclamo de mejoras condiciones laborales. Exigían poder sentarse alteradamente durante su tarea, reducción horaria a diez horas durante el invierno y doce durante el verano, y que se estableciera la edad mínima. La huelga de los tipógrafos dio como resultado un efecto de contagio y se produjo lo que se conoció como la “Gran huelga”.

Hoy la Sociedad Tipográfica Bonaerense es una mutual registrada ante el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.  Su sede es parte del Catálogo de Inmuebles Patrimoniales de la Ciudad de Buenos Aires. Desde el año 1863 mantiene una biblioteca de importante valor histórico. Es la primera biblioteca obrera del país. Contiene material en distintos idiomas: italiano, francés, inglés y alemán. Libros de derecho, medicina y arquitectura. Y una colección impecable de las revistas Gutenberg que la Sociedad se encargó de editar a partir del año 1901. También hay material sobre la historia gremial, y política de los trabajadores gráficos.

Por más que la tecnología avance y aquellas palabras móviles en metal se convirtieron en letras digitales, no perdamos la esencia, porque como en las personas, el contenido sigue siendo lo más valioso.

(*) Escritora y periodista.