EL DESAFÍO TRANSFORMADO EN CANCIÓN

Agencia La Oreja Que Piensa. Por Carol Calcagno (*)
La ciudad de Buenos Aires tiene múltiples complicaciones, pero a pesar de todo, el arte y la música se expresan puertas afuera.  Y aún más el under, que siempre se gestó desde lo subterráneo. 
En estos últimos tiempos, filtró las grietas más gruesas y con fuerza llegó a la luz mostrando una de las tantas necesidades colectivas. 
En los espacios abiertos pueden encontrarse artistas talentosos que en minutos demuestran años y años de conservatorio. 
 
Caminar, por ejemplo, todos los mediodías por las líneas de subte B y combinar en la estación Pueyrredón con la  H, te permite escuchar música en vivo.
Cruzarse con solistas o dúos tocando el violín o el bajo e incluso el arpa.  O toparse con un tumulto de tachos de pintura que simulan ser una potente batería. 
Y así citar y citar más recovecos, donde la expresión vibra los días de sol al compás del viento.  Y también, en las noches de estrellas, pero en espacios cerrados.  Porque todavía existen lugares donde la creación, sobrevive. 
Es decir, la creación independiente.  Y ahí es donde se siente la pasión y  las ganas y la perseverancia para ser y estar.  Tal es el caso del Balcón del blues, un bar abierto hace dos años; ubicado en la esquina de Lavalle y Mario Bravo, en pleno barrio de Abasto.
 
Uno de estos viernes, sonó Blues del Sur, una banda que nació hace 25 años.  Marcelo Marín, integrante del grupo, cuenta que lo primero que le empezó a llamar la atención fue la música negra en las películas de los 50.
Un compañero le pasó un cassette grabado que tenía temas de B.B. King, Albert King y Tina Turner, que marcaron los pasos iniciales. Más las primeras bandas argentinas a principios de los 90, como Memphis con el disco Tonto rompecabezas. 
Más la llegada de Eric Clapton. Y los tiempos donde El samovar de Rasputín, brillaba sobre la orilla del Riachuelo,  idealizaron el estilo que próximamente esta banda fue abrazando como característica.
 
La noche en el Balcón de blues sonó perfecta, con artistas invitados, que dejaron su huella durante el valioso camino independiente que transitó la banda. 
Pero convengamos que muchas veces, se hace complicado sobrevivir largo tiempo en la cornisa del under argento. Digo esto, porque hace unos días, me llegó la noticia de Gregón Bar, un club de música que cita bandas en vivo.
Ellos están sobre la avenida Hipólito Yrigoyen en el barrio de Almagro. Las disposiciones municipales obligaron a cerrar el espacio hasta adecuarse a las condiciones requeridas, cosa que el lugar lo hizo a la brevedad, pero a pesar de la resolución inmediata, todavía esperan el permiso. Mientras tanto la programación, también sigue a la espera, como por ejemplo La Saga de Sayweke que debían haber tocado el sábado 7 de octubre. 
 
La Saga de Sayweke es un power trío que se formó en el año 1993. Y justamente,  una de sus características es combatir la indiferencia poética, la limitación del arte y la especulación pura en todas sus formas. 
Afirman que no tienen nada en común con los que pretenden debilitar el espíritu.  Y claro, es algo habitual  que deben enfrentar  aquellos que no caminan por la vereda del sol. 
En referencia a esto  Alejandro Avendaño Lage, vocalista del grupo de rock El Tabú de los lunáticos, contaba  que las fechas son organizadas por productoras.
 
En algunos casos son dueños de los mismos bares, quienes también ofrecen los equipos y el sonido.
Son contactados por las redes sociales o el famoso boca en boca - ya no existen los representantes o pocos son las casos-  si la banda está de acuerdo, cierran y venden la mitad de las entradas cada uno. 
 
Dinero con el que tendrán que pagar el traslado de instrumentos e invertir en los próximos ensayos y en los futuros discos. 
Convengamos que no es fácil sobrevivir en la ciudad del buen aire, pero quizás tengamos o no dos claras características en los tiempos que corren, y son el aliento y la garra de batalla.
Sí, por cumplir los sueños aunque la furia salte envuelta en un sol o un mí.-
(*) Periodista y Escritora.
 
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